A pesar de que existen estudios que demuestran que la posición horizontal no es la más adecuada ni fisiológica para parir, sigue siendo la más utilizada hoy en día en nuestro país.
Existen estudios que relacionan la morbilidad materno-fetal con las distintas posiciones en el momento del parto. Os dejo un pequeño video y unas referencias bibliográficas que me parecieron interesantes en esta línea. Espero que sea de vuestro interés.
Hoy es 25 de Noviembre, día internacional contra la violencia de género.
«Millones de mujeres y niñas de todo el mundo son agredidas,
golpeadas, violadas, mutiladas o incluso asesinadas en lo que
constituyen atroces violaciones de sus derechos humanos. [...] debemos
cuestionar en lo fundamental la cultura de discriminación que permite
que la violencia continúe. En este Día Internacional, exhorto a todos
los gobiernos a que cumplan su promesa de poner fin a todas las formas
de violencia contra las mujeres y las niñas en todas las partes del
mundo, e insto a toda la población a que apoye este importante objetivo»
Mensaje del Secretario General en el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, Nueva York, 25 de noviembre de 2012
La violencia obstétrica también es una forma de violencia de género.
Pero, ¿qué es la violencia obstétrica?
Algunos colectivos y asociaciones, desde hace varias décadas, han
expresado su preocupación sobre la amplia difusión de protocolos de
atención al parto, excesivamente medicalizados, que ven como una forma
de violencia de género y que denominan Violencia Obstétrica.
La Violencia Obstétrica, según estos colectivos y legislaciones en
países como Venezuela y Argentina, consiste en la apropiación del cuerpo
de la mujer y el proceso del parto por los profesionales de la
medicina, considerando patológicos todos los partos (en oposición a
fisiológicos, naturales), convirtiendo a la mujer en paciente (y no
usuaria) de manera automática, y realizándose actos médicos y
farmacológicos rutinarios sin permitir que la parturienta participe
activamente en las decisiones sobre su propio cuerpo.
En este modelo que consideran Violencia Obstétrica, la mujer deja de
poder tomar decisiones informadas por el personal médico y se le aplican
protocolos que impiden por ejemplo que se pueda mover, comer, beber,
decidir la postura en el momento de dilatación o el mismo expulsivo, se
le pincha la bolsa o se le aplica episiotomía
sin una necesidad médica real y se le introducen de forma protocolaria,
no necesaria, medicamentos que aceleran el parto, provocando problemas
en el proceso natural que podría suceder de forma normal si no se
interviniera.
Os dejo un pequeño recordatorio para que no se nos olvide el importantísimo papel de la matrona en la ayuda a las mujeres tras el parto. Es sacado de "el parto es nuestro"
El papel de la comadrona en el puerperio
Tras el nacimiento, las mujeres suelen sentirse abandonadas por el sistema. Una embarazada está muy controlada, pero cuando el puerperio ha llegado, parece que ya nadie debe atenderla. Esto no es así (o no debería serlo). La matrona puede asesorar en el inicio de la lactancia o en dificultades de la misma; acompañar a la mujer en el proceso del cambio vivencial que está sintiendo, ayudarla con el bebé, aconsejar a la hora de sobrellevar la adaptación a la nueva vida, revisar físicamente a la mujer (las mamas, el suelo pélvico, el cuerpo en geneeral). El número de las revisiones posparto (que se pueden hacer en el propio domicilio) dependerá de cada situación y cada familia. Como mínimo, podría ser:
1ª visita. Primer día posparto. Valorar inicio de lactancia, el sangrado y la involución uterina y estado general del bebé.
2ª visita. Tercer día posparto. Vuelta a casa, detección precoz de problemas de lactancia, estado del bebé, revisión perineal superficial.
3ª visita. 10-15 días posparto. Evolución del peso del bebé. Valoración del sangrado y del estado general materno. Adaptación.
4ª visita. Tras la cuarentena. Valoración del suelo pélvico. Despedida.
De esta forma, la mujer y su bebé son acompañados desde el inicio hasta el final del proceso de embarazo, parto y puerperio. Cuando este acompañamiento es realizado por una misma persona con la que se establece un vínculo emocional, proporciona a las mujeres y sus familias más seguridad en sí mismas, disminuye los miedos y se reducen las complicaciones por exceso de intervencionismo.
Un resumen del proceso gestacional en las primeras semanas que leí en la página del el parto es nuestro.... y con recomendaciones para la mujer gestante.
Semana 3 a 5
Tu bebé se ha estado desarrollando dentro de ti. Aproximadamente dos semanas después de iniciado el ciclo, la mujer libera un óvulo de uno de sus ovarios dentro de la trompa de Falopio cercana. Durante las siguientes 24 horas, aproximadamente, se genera la posibilidad de la concepción y con ella, el comienzo del embarazo.
Desde el momento de la fecundación, el sexo del bebé queda determinado y comienza la división celular. Al mismo tiempo que hay cambios en el interior del óvulo fecundado, éste empieza a desplazarse hacia el útero, donde lo espera el endometrio: el tejido que se forma todos los meses y que expulsamos durante la menstruación si no hay embarazo (¡resulta que servía para algo!).
La implantación, el proceso por el que el embrión se fija en la pared de la matriz, comienza al final de la tercera semana y se completa durante la cuarta semana del embarazo. En este período también ha empezado a formarse la bolsa de líquido amniótico y hacia el final aparece el cordón umbilical.
La quinta semana es la de la “sospecha”. Nuestra compañera mensual, presente durante tanto tiempo, hace notar su ausencia… y, de pronto, te has encontrado comprando un test de embarazo o leyendo esta web sin proponértelo. De todas formas, no todas las mujeres controlan a la perfección su ciclo menstrual, así que quizás haya pasado algo más de tiempo. En esta quinta semana ha comenzado el desarrollo de lo que será el sistema nervioso central (cerebro y médula espinal) y el corazón.
Durante estas tres primeras semanas es probable que tu cuerpo empiece a notar cambios tanto físicos (nauseas, rechazo hacia ciertas comidas, somnolencia…), como emocionales. Puede que tengas todas las “reacciones típicas” o ninguna. Todo sigue siendo completamente normal, porque CADA MUJER ES ÚNICA, CADA EMBARAZO ES ÚNICO Y CADA BEBÉ ES ÚNICO.
Consejos: si te lo estabas planteando, ahora es el mejor momento para dejar de fumar. También debes eliminar el alcohol de tu dieta y, ya que estás, seguro que es bueno que te replantees tu estilo de vida, ¿crees que es saludable? ¿Deberías poner más atención en lo que comes o mejorar tu forma física?
Sanidad: si estás tomando algún tipo de fármaco debes consultar a tu médico sobre la seguridad durante el embarazo. Él mismo puede derivarte a la consulta de tu matrona para los controles adecuados. Desde el primer momento se puede comprar en la farmacia el suplemento de ácido fólico ya que se ha demostrado que SU DÉFICIT PUEDE PROVOCAR varias enfermedades aunque no todas las mujeres lo tomen. También puedes informarte aquí sobre otros componentes interesantes en la dieta de la embarazada como el yodo.
Me gustaría compartir con todos vosotros un fantástico artículo que acabo de leer en la página web de "El parto es nuestro", su contenido habla sobre la lactancia materna prolongada, y nos narra la experiencia de una mujer con este tipo de lactancia, nos habla de como ve la gente que amamantemos a nuestros hijos más allá de los primeros meses y también y para mi lo más importante de como aprender a disfrutar de la lactancia, espero que os guste.
Por I.O.
Desde luego que no fue algo planeado. A mis hijos mayores apenas les amamanté
unos cuantos meses, menos de un año. Por aquel entonces yo ya pertenecía a Via
Láctea, un grupo de apoyo a la lactancia y conocía a unas cuantas madres que
habían amamantado uno o dos años. En ese grupo escuché que una madre conocida
seguía amamantando a su hija de cuatro años y recuerdo que pensé para mis
adentros “¡qué barbaridad, esa se ha pasado!”. Así que cuando tuve a mi tercer
hijo, una niña, calculé que estaría bien llegar al año, pero ni siquiera me lo
planteé como objetivo. Si algo tenía claro era que la lactancia esa tercera vez
no se iba a convertir en un sacrificio ni en un esfuerzo titánico. Todavía
recordaba nítidamente la sensación de alivio que había experimentado con el
destete de mis hijos. Esos meses en los que tras reincorporarme al trabajo en
el hospital y a las guardias de 24horas varias veces al día me tenía que
encerrar en algún cuartito a extraerme la leche con un sacaleches eléctrico
para luego guardarla en una mininevera portátil me habían dejado mal sabor de
boca y un cierto complejo de vaca lechera ordeñándome a escondidas. En esas
circunstancias la lactancia se había convertido en un agobio más y el destete
me había parecido todo un alivio, con la satisfacción añadida que me daba
pensar en la “misión cumplida” y la alegría de recuperar “mi cuerpo para mí”.
Al comenzar la lactancia con mi tercera hija sólo tenía clara una cosa: no
pensaba utilizar el sacaleches eléctrico ni una vez más. Toda esa latosa
lactoingeniería, ese suplicio de tener que extraerme la leche, congelarla,
descongelarla al baño maría, ver como cada vez me sacaba menos cantidad, no iba
conmigo. Tras los cuatro meses y medio de baja y vacaciones volví a trabajar y
mi niña empezó a tomar leche artificial en mi ausencia. Aprendí a extraerme la
leche manualmente en las guardias para aliviar la congestión. Había decidido
que sólo iba a seguir amamantando mientras fuera una experiencia placentera
para las dos.
Creo que esa fue la clave. Para mi sorpresa conforme pasaron los meses y los
años la lactancia se fue convirtiendo en algo cada vez más gozoso. Resultó que
amamantar a una niña de uno, dos, tres, o más años me era mucho más fácil y
grato que la lactancia exclusiva de un bebé de dos, tres o cuatro meses. En
medio de la locura cotidiana de tener tres niños con 4 años de diferencia en
total, de trabajar, de hacer montañas de guardias y muchas tareas más, los ratos
y abrazos prolongados que nos procuraba la lactancia a mi hija y a mi
resultaron ser un remanso absolutamente placentero. Algo debe de haber en
nuestros cerebros, algún efecto mágico todavía no descubierto tienela
prolactina que nos permite funcionar divinamente cuando pasamos años sin dormir
una noche del tirón.
Claro que cada vez fueron
más los comentarios negativos del entorno. “¿Le das teta después del bocadillo
de chorizo? ¿No te muerde? ¿Ya estás otra vez?” Una larga retahíla que
afortunadamente casi he olvidado. Cuando a punto de cumplir los cinco años de lactancia
el padre de mis hijos y yo nos separamos no faltó quien culpó a mi “obsesión
con la lactancia” de nuestra separación.
Este “echarle la culpa de todo a la teta” es de las cosas que más me ha
molestado. Porque cuando unos padres se separan a nadie se le ocurre echarle la
culpa de la crisis de pareja a lo mucho que el padre ha jugado con su hijo, por
ejemplo, pero sin embargo se culpa de la crisis a la madre por seguir dándole
el pecho a un niño de dos o tres años.
Otra manera de culpar a la teta se repite cada vez que en un curso o charla
pública hablo de los beneficios de la lactancia prolongada. Siempre hay alguien
que levanta la mano y me cuenta la típica historia “el hijo de mi prima tomó
teta tres años y ahora que tiene seis no quiere dormir sólo” o “soy maestra y
en mi clase hay una niña que sigue tomando pecho y es mucho más tímida que el
resto” etc. Estas personas siempre lanzan esto en forma de pregunta, aunque en
realidad lo que están haciendo es toda una afirmación “conozco a un niño de más
de un año que toma teta, y pienso que todos los problemas que yo percibo en ese
niño o en su relación con la madre son por culpa de la teta”.
Nada más lejos de la realidad. No he encontrado ningún estudio científico que
demuestre los perjuicios de la lactancia prolongada. Todo lo contrario. Por un
lado los estudios antropológicos señalan que el destete fisiológico se produce
entre los dos y medio y los siete años en todo el planeta. Por otro lado los
estudios científicos más rigurosos confirman que los beneficios de la lactancia
son mayores cuanto más dura la lactancia. A más teta mas defensas, más salud,
más empatía, más inteligencia.
¿Perdón, ha dicho más? ¿Más inteligencia? ¿Más salud? ¿Cómo se atreve?
Enseguida saldrá el ejército de defensores de los biberones exclamando: ¡no hay
que culpabilizar a las madres que han optado por dar el biberón! ¿Nombrar la
evidencia científica es culpabilizar? A mi primer hijo sólo le di el pecho
siete meses. ¿Me siento culpable? No. Creo que hice lo mejor que pude en aquel
momento, en aquellas circunstancias. ¿Lo lamento? Pues un poco si, la verdad.
Ahora que mi hijo mayor es un adolescente genial en muchos aspectos me pregunto
cómo sería él y nuestra relación si le hubiera amamantado años en vez de meses.
Creo que algunas cosas le/nos habrían resultado más fáciles, incluso tal vez
ahora las matemáticas se le darían mejor. ¿Me atormenta? No, en absoluto. Pero
creo sinceramente que los que nos acusan de “culpabilizar” a las madres que no
dan el pecho cuando difundirmos las ventajas de la lactancia son a menudo los
mismos que han favorecido que muchísimas madres que deseaban amamantar
fracasaran en el intento por culpa de su profunda ignorancia (me refiero a los
profesionales). Si
escribo estas líneas es porque durante muchos años he callado en demasiados
lugares. Cada vez que mis colegas psiquiatras o sanitarios comentaban con
espanto que una madre amamantaba a su niño de tres o cuatro años yo callaba.
Cada vez que decían de una mujer que era una “loca de la teta” o peor aún una
“talibana de la teta” (¿en qué momento caló esta perversa expresión?) yo
pensaba para mis adentros: “si supieran que yo no sé cuantos años ha tomado
teta mi hija…” Porque esa es otra, no sabría precisar en qué momento se produjo
el destete. Igual fue en torno a los cinco años cuando sentí que yo ya no tenía
leche. Pero aún y todo mi hija siguió “tomando” –cada vez más esporádicamente-
hasta pasado su séptimo cumpleaños.
He necesitado que transcurrieran varios años más para poder hablar de esto
públicamente. Si ahora lo hago es para decírselo a otras madres: no permitáis
que nadie os presione para destetar a vuestros hijos, tengan días, meses o
años. Haced lo que os dé la real gana: sed libres. No deberíamos pedir permiso
para amamantar a nuestros hijos, igual que no lo pedimos para darles abrazos o
hacerles cosquillas. A veces me han pedido que hablara de esto como psiquiatra
infantil. Vale, soy psiquiatra infantil, profesora en la universidad, doctora
en medicina…pero todo esto lo digo como madre, porque tuve la suerte de tener a
otras madres cercanas, expertas y sabias, que me enseñaron y acompañaron. Esa
sabiduría de las madres es lo que yo considero autoridad.
La mayoría de las madres que han optado por una lactancia prolongada lo han
hecho casi en secreto y prácticamente todas hemos tenido que aguantar un
chaparrón de críticas. Somos muchas más de lo que piensa la gente. Entre
nosotras hay todo tipo de madres. Por favor, no nos juzguen.
Reivindiquemos el derecho a amamantar todo lo que nos dé la gana. Por el placer
de la lactancia prolongada.
El dolor del Trabajo de parto es un dolor visceral único asociado a un evento de la vida maravilloso y significativo - el nacimiento de un bebé.
Alrededor del 30% de las mujeres experimentan un continuo y grave dolor de espalda durante el parto. La hipoxia del músculo uterino, la acidosis láctica, la distensión del segmento uterino inferior, el estiramiento de los ligamentos y la presión sobre el hueso de la pelvis, pueden contribuir al dolor experimentado en la primera etapa de parto.
Este dolor se produce como consecuencia de la estimulación de los nervios aferentes procedentes del corpus uterino y el cuello uterino. Estas fibras terminan en los cuernos dorsales de los segmentos medulares T10 a L1 y causan dolor visceral, lo que se refiere a menudo en la parte baja de la espalda. Estudios argumentan que el origen del dolor de las contracciones uterinas que se experimenta en el área baja de la espalda es comúnmente atribuible a la posición occipito-posterior del bebé, al provocar el estiramiento de la parte posterior del el segmento inferior del útero. Para las mujeres que quieren trabajar sin la epidural, el dolor de espalda puede ser suficientemente grave como para afectar a sus intenciones. Las inyecciones de agua estéril pueden aportar un gran alivio del dolor de espalda en el trabajo de parto sin la preocupación de que este método podría afectar a la madre y/o al feto.
El rombo de Michaelis es la zona en la que el dolor se siente con más fuerza en las mujeres en trabajo de parto. Este es el sitio recomendado para aplicar las inyecciones de agua estéril. Cuando el agua estéril se inyecta bajo la piel provoca una pequeña ampolla o pápula que causa irritación local y una fuerte estimulación sensorial de los receptores nociceptores de la piel, para aliviar el dolor referido en la parte baja de la espalda. Las inyecciones de agua estéril poseen potentes beneficios analgésicos en las mujeres que sufren dolor de espalda en el trabajo de parto y su uso en este contexto terapéutico es justificable.
Indicaciones:
Pródromos.
Primera etapa del trabajo de parto.
Importante dolor lumbar.
Técnica:
El agua estéril se administra por medio de cuatro inyecciones intradérmicas o subcutáneas sobre el sacro. Esta zona ha sido denominada de Rombo de Michaelis.
Usar una jeringa de insulina con una aguja de calibre pequeño. (25 G o 30 G)
Las inyecciones se administran de forma secuencial durante una contracción uterina. Se realiza en el pico de contracción uterina para mitigar la percepción del dolor debido a la inyección en sí.
La serie de cuatro inyecciones debe ser completada en el plazo de 20-30 segundos.
Dos inyecciones laterales a la columna lumbo-sacra coincidiendo con las espinas iliacas postero-superiores de la pelvis.
Dos inyecciones 2-3 cm por debajo y 1-2 cm medial a cada una de las dos primeras.
0,1 ml de agua estéril intradérmica se inyecta entre las capas de la dermis, para elevar una ampolla pequeña en la superficie de la piel en cada uno de los cuatro sitios.
0,5 ml de agua estéril subcutánea en las capas de la piel en cada uno de los cuatro sitios. Una variante de esta técnica es administrar dos inyecciones de 0,5 ml de agua estéril coincidiendo con las espinas postero-superiores de la pelvis.
Ventajas e inconvenientes:
El inicio del alivio del dolor es rápido por lo general en pocos minutos y puede durar de 1 a 2 horas.
El tratamiento se puede repetir tantas veces como desea la gestante al ser totalmente inocuo.
Las inyecciones de agua estéril no afectan a la puntuación del Apgar del Rn.
Un inconveniente de las inyecciones intradérmicas es el dolor intenso que acompaña en su aplicación. Esta sensación de ardor dura aprox. de 20-30 seg.
Las inyecciones subcutáneas han demostrado ser más tolerables.
Parece que un mayor habón produce un mayor alivio del dolor.
La percepción del dolor y su alivio no se ven afectadas por la edad materna, paridad, nivel educativo, IMC, cáncer cervical, dilatación y/o peso al nacer.
Bajo porcentaje de mujeres necesitan analgésicos adicionales.
Según investigaciones la tasa de parto por cesárea en el agua estéril es significativamente menor.
Es posible que la percepción del dolor pueden diferir en diferentes grupos étnicos.
A pesar de un buen alivio del dolor del parto, algunas mujeres son reacias a recibir el mismo tratamiento para otra entrega. Esto es debido al dolor intenso que acompaña a la inyección intradérmica.
Conclusión:
Debido a que las inyecciones subcutáneas de agua estéril parecen ser menos dolorosa que la técnica intradérmica actualmente en uso, y siguen siendo eficaces para como analgesia, la técnica subcutánea puede ser recomendado como una modificación de la técnica, al ser menos dolorosa para la gestante.
Lo que llamamos natación para bebés poco tiene que ver con el nadar,
al menos con lo que la mayoría de personas entienden por aprender a
nadar, ya que este planteamiento no se podrá lograr hasta los 4 ó 5
años.Una cosa es el
disfrute, dominio y adquisición de ciertas habilidades, y otra muy
distinta aprender a nadar. Esto es algo que los padres han de tener muy
claro.
Los recién nacidos están perfectamente dotados de una variedad de
reflejos que hacen posible el progresivo desarrollo de una conducta
adaptada al medio en que se desenvuelvan, en este caso el agua. Limitar
las experiencias del primer año a la estancia en la cuna o en el
cochecito de paseo significa reducir el desarrollo tanto físico como
intelectual de nuestro bebé, en un período crítico de su vida. Todos los
psicólogos y pedagogos reconocen la importancia de los primeros años en
la vida del individuo y, a pesar de ello, seguimos sin prestar la
atención necesaria hasta la entrada en la escuela. El objetivo más
importante de esta actividad se centra en reforzar el vínculo de amor y
confianza entre la madre y el bebé, haciendo que ambos compartan una
experiencia original, única e irrepetible, fortaleciendo la relación
afectiva y cognitiva entre bebé-mamá-papá. Además, por si esto fuera
poco, se van a crear situaciones de juego, dentro de un ámbito lúdico y
recreativo.
. Beneficios que aporta la natación a los bebés:
Desarrollo psicomotor: El bebé que aún no
camina encuentra en el agua la posibilidad de moverse
tridimensionalmente, siendo mucho mayor la libertad y continuidad de
movimientos. A muy temprana edad comienzan a tener nociones de
desplazamiento y distancia de una gran riqueza y sensibilidad, lo que
redundará en una mayor coordinación motriz.
Fortalecimiento del sistema cardiorrespiratorio:
La natación fortalece el corazón y los pulmones. Debido al trabajo
respiratorio que se realiza en el agua se aumenta la eficiencia en la
oxigenación y traslado de la sangre.
Ayuda al sistema inmunológico.
Aumenta el coeficiente intelectual: Está
demostrado que los bebés que han hecho natación en los 2 primeros años
de vida desarrollan una percepción mayor del mundo que los rodea, con lo
que ya están aprendiendo a ser más creativos y observadores. El agua
estimula la capacidad de juego del niño y este hecho repercutirá muy
positivamente en aprendizajes futuros.
Mejora y fortalece la relación afectiva y cognitiva entre bebé-mamá-papá:
La realización de un programa acuático para un bebé le llevará, junto
con sus papás a compartir situaciones ricas y profundas que no sucederán
de otra forma pues se van a juntar las reacciones innatas e instintivas
del bebé con las propias vivencias que genera la práctica de la
natación, que sin duda ayudaran al conocimiento mutuo, alimentando el
amor y orgullo de mamá y papá.
Inicia la socialización sin traumas en un ambiente lúdico y recreativo:
Desarrollándose como personas y su entorno de una forma natural. La
convivencia en la piscina con otros niños le ayudarán a relacionarse
mejor, además de que aprenderá a compartir y realizar actividades junto a
otras personas. El niño adquiere mas confianza para comunicarse y
desarrollarse en grupo, ya que estará en constante contacto con
instructores y niños.
Desarrolla las habilidades vitales de supervivencia. Un ejemplo de ello es el aprender a girarse sobre su espalda y flotar ante una caída al agua.
Ayuda al bebé a relajarse.
Ayuda al bebé a sentirse más seguro.
Es recomendable esperar hasta los 3-4 meses de vida, para llevar al bebé
a la piscina. Algunas escuelas de natación no los aceptan hasta los 6 ó
7 meses, pero esto sólo significa que las instalaciones no están
suficientemente preparadas para bebés de menor tiempo, básicamente por
la temperatura del agua.
En la primera visita a la piscina el bebé necesitará un tiempo para aclimatarse al nuevo entorno
(temperatura, espacio, ruido, gente, etc.). Lo
habitual es que no estés solo y tanto tu bebé como tu tengaís compañeros
de piscina nuevos. Aprovecha para intercambiar opiniones con otras
mamás o papás y si tienes dudas pregúntale al técnico que os acompaña.
Poco a poco el bebé se irá relajando. Si ves que tú solo no puedes sentarte
pide ayuda para que te sujeten al bebé mientras tu te sientas junto a él
o te metes en el agua. Coge al pequeño entre tus brazos y llévatelo al pecho, háblale en
tono tranquilizador. Date un pequeño paseo por el agua mojando poco a
poco. Esto para ser el primer día es más que suficiente. Recuerda que el verdadero profesor no será nadie más que tú, el monitor
solo os irá dando pautas y recomendaciones de actuación.
El método utilizado nunca debe “presionar” al niño para que
aprenda a flotar. Se trata de que le pierda miedo al agua, si lo
tuviera, lo vea como algo lúdico y se divierta. Importa más que la
experiencia sea grata a que consiga la flotación. Si el método de
enseñanza es bueno, los niños no tienen por qué pasarlo mal o mostrarse
reacios a acudir a la piscina. Los padres no deberían obsesionarse
porque sus hijos aprendan técnicas de supervivencia (como la flotación) o
de movimientos. Lo fundamental es que adquieran el gusto por el agua.
Si por miedo, por dificultades económicas o por cualquier otro
motivo los padres presionan al niño para que consiga objetivos en un
tiempo corto, los efectos serán probablemente justo los contrarios a los
que se buscaban. Además, a estas edades, los niños tienen una
percepción muy intensa de lo que ocurre a su alrededor, y muy pocas vías
de expresión de sus temores, muchas veces reducidas al lloro y otros
síntomas no orales.
Hay que crear un ambiente relajado en el
que tanto el propio niño como los padres y el monitor disfruten de las
clases y se inspiren confianza mutua.
Recomendaciones que no debes olvidar:
Antes de acudir a la piscina con tu bebé deberás consultar con el pediatra.
No dejes nunca a tu bebé solo cerca del
agua. Aunque los programas de natación para bebés pueden enseñarle a
moverse en ella, tu bebé es demasiado pequeño para ser consciente del
peligro que ello tiene.
Elige un horario en el que el niño normalmente no tenga que dormir o comer.
Nunca le des de comer minutos antes de la sesión de natación.
Después del baño hay que secar al niño inmediatamente.
Una vez que el niño esté vestido, debemos abandonar
inmediatamente el pabellón de la piscina. Con el aire caliente el niño
se pondría a sudar en seguida, lo que significa resfriado seguro al
salir a la calle.
Un niño enfermo no debe bajo ningún concepto bañarse. Tan
pronto como advirtamos los primeros síntomas de alguna indisposición,
dejaremos de llevarle a la piscina y no reanudaremos las clases hasta
que el niño vuelva a estar perfectamente restablecido.