jueves, 17 de enero de 2013

SUELO PÉLVICO

En la menopausia el suelo pélvico pierden tono y se relajan, y si a esto le unimos los desgarros que pudo haber si la mujer tuvo algún parto, entonces la aparición de prolapsos (caída de los órganos intrabdominales) está muy favorecida, al igual que la pérdida de orina (incontinecias urinarias)
 

¿Cuales son los músculos del suelo pélvico?


El suelo pélvico es un sistema de músculos y ligamentos que cierran el suelo del abdomen manteniendo en posición correcta y en suspensión la vejiga, el útero y el recto en contra de la fuerza de la gravedad. El debilitamiento del suelo pélvico provoca uno o varios de los siguientes trastornos: incontinencia urinaria de esfuerzo, prolapsos y disfunciones sexuales.


La figura anterior muestra los tres diafragmas bajos del suelo pélvico. Los músculos más superficiales se muestran en verde, los del diafragma urogenital en amarillo y el pubococcígeo en rojo.



A mayores de todo esto está también la disminución de los niveles de estrógenos, lo cual favorece a que los tejidos genitourinarios se hagan más sensibles y se produzcan situaciones atróficas como: atrofia del epitelio vaginal, dispareunia y prurito debido a atrofia vulvar, del introito y vagina, atrofia cutánea general, dificultades urinarias como tenesmo vesical, uretritis y cistitis. Habrá una disminución del moco cervical y el flujo sanguíneo genital por lo que puede haber a su vez sequedad durante la actividad sexual, lo cual provoca las molestias durante y después del coito (dispareunia)

Causas de debilitamiento del suelo pélvico:


  • Embarazo: por el peso del útero
  • Parto: al pasar el bebé a través de la vagina
  • Postparto: ejercitar precozmente abdominales o realizar saltos, practicar deportes o llevar pesos.
  • Deportes: en especial los de "saltos" y de "impacto"
  • Menopausia: por los cambios hormonales, ya que provocan pérdidas de flexibilidad y atrofia e hipotonía.
  • Herencia: dos de cada diez mujeres tienen debilidad innata en los músculos del suelo pélvico.
  • Hábitos cotidianos: retener la orina, vestir prendas muy ajustadas, practicar canto, tocar instrumentos de viento.
  • Otras causas: obesidad, estreñimiento, tos crónica, estrés y otras



  • En el primer dibujo se aprecia la correcta posición de los distintos órganos; en el segundo se observa la caída del útero hacía abajo y por lo tanto un prolapso uterino debido al debilitamiento del suelo pélvico.
     

    Para retardar la atrofia vulvo-genital:
    •  Mantener la actividad sexual. En mujeres postmenopáusicas, entre 50-65 años, con niveles estrogénicos equivalentes, tienen más atrofia vaginal las no activas sexualmente. La dispareunia suele ser mayor cuando se reanuda la actividad sexual que previamente se ha interrumpido.
    • Los problemas de lubricación durante el coito, pueden solucionarse con el uso de cremas lubrificantes.
    • Ante la aparición de prurito, dispareunia y pequeños sangrados, acudir al ginecólogo o su matrona para la valoración.
    • Los tratamientos hormonales de acción local (óvulos y cremas) son muy efectivos y constituyen un buen recurso para solucionar este problema.
    Para evitar los prolapsos y la incontinencia urinaria:
    • Importante fortalecer el músculo que rodea los orificios uretral y vaginal (músculo pubiococcígeo), mediante los ejercicios de Kegel o la gimnasia de hipopresivos.


    Los ejercicios de Kegel


    1. El lento
    Aprieta los músculos como hiciste cuando intentaste detener la orina, tirándolos hacia arriba. Contráelos y mantenlos así mientras cuentas hasta 5 respirando suavemente. Luego, relájalos durante 5 segundos más, y repite la serie 10 veces.

    Intenta aumentar progresivamente el tiempo de contracción y relajación. Empieza por 5 segundos en cada caso hasta llegar a los 20. Cuanto más tiempo consigas aguantar la contracción de los músculos, más fuertes se harán.

    2. El rápido
    Aprieta y relaja los músculos tan rápidamente como puedas hasta que te canses o transcurran unos 2 ó 3 minutos (lo que suceda primero). Empieza con 10 repeticiones cuatro veces al día hasta alcanzar las 50 repeticiones diarias.

    3. El ascensor
    Este ejercicio requiere cierta concentración, pero sus resultados son muy buenos. Tu vagina es un tubo muscular con secciones en forma de anillo dispuestas una sobre otra. Imagínate que cada sección es una planta diferente de un edificio, y que subes y bajas un ascensor tensionando cada sección. Empieza subiendo el ascensor suavemente hasta la primera planta, aguántalo durante un segundo, y sube hasta la segunda planta. Sigue subiendo tantas plantas como puedas (normalmente no más de cinco). Para bajar, aguanta también un segundo en cada planta. Cuando llegues abajo, intenta ir al sótano, empujando los músculos pélvicos hacia abajo durante unos segundos (tal y como si estuvieras de parto). Finalmente, intenta relajar por completo la musculatura durante unos segundos. Sobre todo, no te olvides de respirar pausadamente y de no realizar el ejercicio con ayuda de los músculos abdominales.

    4. La onda
    Algunos músculos del suelo pélvico están dispuestos en forma de un ocho, pero con tres anillos. Un anillo se sitúa alrededor de la uretra, otro alrededor de la vagina, y el último alrededor del ano. Contrae éstos músculos de delante a atrás y relájalos de atrás a delante.

    Haz estos ejercicios tantas veces como puedas al día. El objetivo es conseguir realizarlos sin que se noten. Cuando empieces a realizarlos, pueden parecerte incómodos y raros, pero pronto verás que podrás llevarlos a cabo sin que los demás se den cuenta.

    Al principio, al practicar el ejercicio lento, puedes notar que los músculos no quieren mantenerse contraídos. También es posible que te canses enseguida con el rápido. Pero si perseveras, verás que en pocos días no te supondrán ningún esfuerzo.



    La gimnasia hipopresiva que consiste en trabajar la cincha abdominal y el suelo pélvico para reducir la presión intraabdominal. Se recomienda acudir a un centro fisioterapéutico donde puedan enseñar a realizarlos personalmente.

     


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